sábado, 16 de noviembre de 2013

Capitulo 7.

-Álvaro, ¿Podemos hablar?

Enseguida me contestó

-Si, dime ¿Qué quieres?
-No, no... En persona si puede ser
-¿Para qué?
-Necesito explicaciones
- Esta bien... ¿Dónde?
- Al lado de mi casa hay un parque. ¿Sabes cuál es, no?
- Claro, si yo vivo ahí boba
- ¿Ah si?
- Nos vemos allí a las cinco, chao.

Y se desconectó.

Inmediatamente me llamaron para comer. Había hamburguesa. Me la comí y fui a mi habitacion otra vez. Eran las tres y media asique me puse a hacer la tarea que tenia para el lunes hasta que fueron las cuatro. Después me duche, me vestí y me maquille un poco:

Cogí mi móvil, me lo metí en el bolsillo y me fui al parque. Allí estaba Álvaro esperándome apoyado en la pared con el móvil. Fui hacia él y me quede enfrente suya.

- ¿Hola? Veo que estás entretenido

Levantó la vista, me vio y se guardó el móvil en el bolsillo.

- Guau, que guapa estas.

Estaba sonrojada seguro. No me veía pero me lo imaginaba.

- Gracias supongo, tu también.
- Bueno ¿Qué quieres que te diga?

Me quedé un poco pillada, enrealidad no necesitaba decirle nada en concreto. Solo quería verle, lo necesitaba.

- Pues aver, ¿Por qué saliste en mi defensa si te había gritado? ¿Por qué abandonaste a ese perrito? ¿Por qué....? - Me interrumpió

- Poco a poco. Salí en tu defensa porque parte de lo que te había pasado era culpa mía y no me iba a ir dejándote todo el marrón encima ¿Sabes? no soy ese tipo de chico. Y espero que cuando te vaya a contar esto no empieces a gritarme otra vez y me dejes expicarlo

- Esta bien - Asentí

- Hace poco, vi a ese perro en la calle metido en una caja. Fui corriendo a cogerlo y me lo llevé a mi casa. Le había cogido mucho cariño. A los tres días nose como lo hizo pero se escapó y fui a buscarlo. De repente empezó a llover y me choqué contigo y por lo que veo lo encontraste tú. Ya está, solo me tenías que haber dejado que te lo explicara desde el primer momento.

- Vaya... Yo... Lo siento mucho... - Dije bajando la cabeza
- No pasa nada - Bajo la cabeza también

Justo empezó a llover y yo me estaba helando de frío.

- Br... - Tirité

Sin decir nada se quitó la chaqueta que tenía, quedándose en manga corta y me la puso por encima.

- Que... ¿Qué haces? Te vas a resfriar idiota
- No te preocupes por mí. Ahora ven - Sonrió

Me cogió de la mano y empezamos a correr hasta que llegamos a un portal que nos cubría para no mojarnos. Nos sentamos y acto seguido él me abrazó. Estaba incómoda y a la vez cómoda. No sabía como explicarlo.

- Álvaro me estoy muriendo al verte pasar frío en manga corta.

Me quité la chaqueta y se la di.

- Gracias - Sonreí
- ¡No tengo frío!
- Álvaro no me tomes el pelo porque tienes los labios morados - Levante las cejas

Sin decir nada se la puso y yo me levanté:

-Creo que me voy a ir ya...
- ¿Ya? Está bien, te acompaño
- No hace falta Álvaro, tu casa está antes que la mía y andarías mas.

No me hizo caso. Me cogió de la cintura y empezamos a andar debajo de la lluvia como si nada pasara. Llegamos a su casa y yo me paré pero el seguía andando.

-¡Álvaro! Esta es tu casa ¿no?
- ¿Estas sorda? Te he dicho que te iba a acompañar a tu casa
- ¿Pero para qué? ¡Qué tonteria!
- No quiero que te pase nada. Ven.

Fui y seguimos andando hacía mi casa hasta que llegamos.

- Muchas gracias Álvaro... No hacía falta que me acompañaras...
- No hay de que pero... A cambio me debes algo
- ¿El qué? ¿Quieres que te devuelva el perro?
- No, por mi quédatelo. Estará mejor contigo.
- Pero... - me interrumpió

Me apartó el pelo de la cara, me la acaricio y me beso. Fue un beso corto pero a la vez bonito. Nos separamos y me quedé un poco cortada.

- Eh... ¿Álvaro?
- Eso era lo que me debías. - Sonrió - Adiós enana
- Pero espera.. ¿Qué?

Ya se estaba alejando y no escuchaba lo que le decía. ¡Siempre me dejaba con la palabra en la boca!

Todavía no había parado de llover asique entré en mi casa corriendo y estaba mi madre en la puerta con los brazos en forma de jarra.

- Hola...

- Hija yo no sé que te pasa, pero siempre que sales acaba lloviendo. Anda, ve a secarte y cámbiate.

Sin decir ni una palabra subí a mi habitación y miré el reloj. ¿Las ocho? Que rápido había pasado el tiempo. Cogí mi pijama y fui al cuarto de baño a secarme y cambiarme.


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